UNA MUJER ASESINADA POR DESEMPEÑAR UN TRABAJO DE HOMBRES

 

Le pusieron Malalai en honor a una legendaria heroína afgana de la guerra contra los británicos, a fines del siglo XIX. Parecía que su vida estaba predestinada a jugárselo todo – “nunca me muevo sin mi arma”- y, finalmente, el pasado 28 de septiembre la asesinaron mientras se dirigía al trabajo. Se desplazaba en coche por el área de Chounai, junto a uno de sus hijos y el conductor.

La conocían como la capitana de la policía afgana y se hizo célebre por su empeño en defender a las mujeres de su territorio ante la barbarie de los abusos talibanes. Ser hija y hermana de policías la determinó en su decisión hasta ser la primera mujer que se enroló en la policía en Kandahar a finales de la década de los ochenta.

A la llegada de los talibanes al poder Malalai Kakar tuvo que huir del país porque los nuevos dirigentes habían prohibido trabajar a las mujeres pero, a finales del 2001, en cuanto los talibanes fueron derrocados, volvió a su trabajo. La prensa internacional reconoció entonces su extraordinaria valentía por continuar el camino iniciado.

Actuaba en la zona más peligrosa de Afganistán. La asesinaron frente a su casa, feudo de islamistas talibanes y el portavoz del gobernador de Kandahar, Zalmay Ayoobi, describió así el suceso: “Malalai Kakar fue blanco de disparos de varios hombres desconocidos, montados en bicicleta, frente a su casa, entre las siete y las ocho de la mañana, hora local. Murió en el acto y su hijo quedó herido”. Un médico del hospital de Mirwais confirmó que los disparos habían alcanzado la cabeza de Malalai y que su hijo permanecía grave y en estado de coma. Un portavoz de los talibanes, a su vez, reivindicó el asesinato declarando que “era uno de nuestros objetivos y hemos logrado eliminarla”.

No había escogido un camino fácil. Nacida en Afganistán hace cuarenta y un años, se atrevió a alistarse en la policía, la ascendieron a oficial – actualmente ostentaba el grado de capitán- y acabó dirigiendo el Departamento de Delitos contra la Mujer. Era, además, madre de seis niños a los que educó mientras su vida permanecía en perpétua amenaza de muerte. Luchó contra el sometimiento fundamentalista de quienes consideraban a las mujeres como material sometido a la voluntad de los varones de la familia. Quienes disponían de ella y de sus precarios bienes. Manifestó su desacuerdo con que en Arabia Saudita una mujer no pudiera obtener pasaporte o salir de su casa sin la compañía de un familiar hombre, pintarse las uñas y vestir ropa de color, mostrar su rostro ni su cabellera o conducir.

Malalai se declaró en contra de un régimen talibán que prohíbe que una mujer estudie y sea examinada por un médico hombre. Sin poder entrar en la universidad no había mujeres que ejercieran la medicina, por lo que quedaban abandonadas a su suerte: ante una enfermedad grave muchas murieron sin recibir atención médica.

Representantes de la UE, especialmente portavoces franceses, manifestaron hace unos días públicamente su condena por el cobarde asesinato “a quien ha pagado un precio demasiado alto por su combate contra la violencia que ensangrenta el país”. Según el comunicado, lo que los t a l i b a n e s han buscado deliberadamente al atentar contra Kakar es “apagar el símbolo que representaba en cuanto a la defensa de los derechos y la dignidad de la mujer para edificar un estado de derecho en Afganistán”. Hay que tener en cuenta que en los últimos seis meses 720 policías afganos perdieron la vida en actos de violencia en Afganistán, según informa el ministerio afgano de Interior.

De los 82.000 policías que integran las filas de la policía afgana, sólo varios cientos son mujeres. “Malalai era muy respetada en Kandahar -declaró uno de sus compañeros policías que pidió el anonimato-y todos sabíamos que era muy valiente, demasiado valiente”.

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Comments
One Response to “UNA MUJER ASESINADA POR DESEMPEÑAR UN TRABAJO DE HOMBRES”
  1. Valentín dice:

    Una de las críticas más contundentes que se puede hacer a la intervención de los gobiernos extranjeros en Afganistán es que pese a los timidos avances en la situación legal y social de las mujeres afganas, la legislación del régimen de Karzai sigue sacralizando un modelo de sociedad patriarcal y discriminatorio.
    Saludos

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